martes, 21 de abril de 2015

Oh la la! Paris



Partíamos desde Londres, cruzamos nuevamente en ferry hacia la Europa continental, y nos dirigimos a la monumental capital de Francia.

El viaje fue tranquilo y de noche, y encontramos una París fría de madrugada. Luego de caminar unas cuantas cuadras llegamos, casi sin querer y sin mirar el mapa, al imponente arco del Triunfo. Al asomar las primeras luces del día desempacamos en el hotel, y fuimos para el centro de la ciudad.

Ingresamos a la pequeña isla donde se encuentra la Catedral de Notre Dame. Tuvimos la suerte de llegar temprano y poder ingresar sin hacer cola, ya que al medio día la espera era de algunas horas para ingresar. Una vez adentro pudimos apreciar una construcción gótica de enormes proporciones.
Realmente es uno de los lugares más lindos y característicos de París.

De allí nos dirigimos al barrio latino (llamado así porque allí vivían los estudiantes y en sus orígenes se estudiaba en latín), y a la plaza St. Michel que es donde comenzaríamos el tour de la ciudad.
Pasamos por el Pont Neuf, también el Puente de las artes más conocido como el puente de los candados, después pasamos por la antigua residencia de los reyes, y nos dirigimos al imponente Museo de Louvre.

Párrafo aparte para esta construcción, que solía funcionar como la nueva residencia de los reyes, también como una fortificación y en los tiempos actuales como uno de los más grandes museos del mundo.
Tuvimos la oportunidad de ingresar al mismo, lo que no tuvimos es la oportunidad de terminar de recorrerlo completo ya que se necesita prácticamente un día entero y muchas energías ya que se caminan más de 15 kilómetros por dentro del museo para poder recorrerlo todo.
Dentro de lo más llamativo del museo para los que no somos grandes amantes de las artes, es la sección llamada "Los apartamentos de Napoleón". Esta es una parte del museo conservada tal cual era el palacio en momentos en que los monarcas lo habitaban. Es difícil explicar con palabras tanto lujo y tanta exuberancia. También visitamos la nada llamativa mona lisa, ya la sí llamativa "Coronación de Napoleón". Entre una generosa cantidad de pinturas que solo podré recordar por las fotografías tomadas ya que era demasiada información visual toda junta.


Retomando el relato inicial, el tour continúo por El jardín de las Tullerías, que no pudimos apreciar en todo su esplendor por la época del año, pero aún así se adivinaba impresionante. Por último llegamos a la Place de la Concorde, lugar fundamental de reunión en tiempos de revolución.



Ya por nuestra cuenta nos dirigimos a donde todo visitante de París tiene que ir, para poder decir que estuvo en esta ciudad... la Torre Eiffel.

Otro de los lugares que no alcanzan las palabras para describir semejante magnitud, semejante lugar, semejante estructura. Y una vez que estuvimos a sus pies, no resistimos la tentación de subir.
Recomendación para viajeros: Subir por las escaleras hasta el segundo nivel, y de allí tomar el ascensor hasta la punta, ya que hacer todo en ascensor puede llevar varias horas de espera, y por la escalera no llega a media hora la cola.
Ya desde la segunda planta se tiene una panorámica imponente de la ciudad, del río y de los jardines que la rodean. También se ven todos los elementos característicos, como el arco del Triunfo, el Louvre, y hasta Notre Dame.
Ni hablar cuando superas los 300 metros de altura en la tercer planta (y punta de la torre). Fue un acierto haber subido en horas en que el sol ya se ocultaba, ya que pudimos apreciar la ciudad a la tarde, y esperando un ratito, todo de noche e iluminado.
Para el día siguiente nos restaba conocer Montmartre, lugar donde vivían los grandes artistas que pasaron por París. Solía ser uno de los lugares más baratos y marginados para vivir, y donde se instaló el histórico Moulin Rouge. Sinceramente esperaba algo más interesante de este lugar, ya que tiene un molino girando, bastante poco digno de la fama que este lugar posee.

Sin lugar a dudas se necesitan varios días para poder conocer esta magnífica ciudad, que sinceramente no me deslumbró, pero se reconocer el encanto de este lugar.



Nos despedíamos de París, nos despedíamos del tiempo fresco y lluvioso, y nos dirigíamos al último país de nuestra gira, España nos esperaba, con sol y tapas.


martes, 14 de abril de 2015

Londres, histórica, Londres, moderna.



Decidimos que la mejor manera de llegar a la capital de Inglaterra era tomar un ómnibus, que se subía a un ferry y después continuaba ya en la isla. Si bien el viaje fue un poco traumático ya que el transporte demoró cinco horas más de lo previsto en llegar, y nuestro paso por inmigraciones del Reino Unido no fue lo más agradable que nos pasó, finalmente pisábamos tierra Inglesa.
Lo mejor de nuestra estancia en esta ciudad, fue que contra todo pronóstico y predicción, tuvimos tres días prácticamente enteros de sol, algo casi impensado por estos lugares.
Aprovechando el tiempo agradable, decidimos hacer el free walking tour de Sandeman, que fue una constante en casi todas las ciudades que visitamos. Tuvimos la oportunidad de conocer toda la parte vieja de la ciudad, la antigua Londinum. Paseamos por Westmister, por la Trafalgar Square, por calles tradicionales, como aquella en la que se encuentra el club de caballeros, donde Julio Verne imaginó a su Phileas Fogg y su vuelta al mundo en 80 días. Ingresamos a la ciudad de Londres propiamente dicha, que es una especie de paraíso fiscal con normas y legislaciones propias, y con comercios un tanto extraños como uno que vende yates, y otro que vende viajes al espacio, de más está decir que solo apto para bolsillos más que abultados.

En medio de la visita guiada tuvimos la oportunidad de ver el final del famoso cambio de guardia del palacio de Buckingham, y que también tendríamos la oportunidad de verlo completo el día siguiente.
Y para finalizar el tour de la mañana, terminamos en el mítico Big Ben y el Parlamento.

Por la tarde realizamos un segundo tour que complementaba al primero, en esta ocasión conocimos la famosa torre de Londres, también el imponente Tower Bridge. Luego pudimos adentrarnos por algunas calles en la que no transitan muchos turistas, y conocimos la Iglesia de los Caballeros Templarios, donde comenzó y se afianzó esta orden. Conocimos un poco de las historias y leyendas que rodean este lugar, y que necesitaría varias páginas para poder escribir.

Ya por nuestra cuenta llegamos a lugares como Picadilly Circus, Covent Garden y Notting Hill. En este último lugar, después de algún omnibus y un poco de caminata pudimos llegar a la famosa Abbey Road, donde los Beatles grababan, y donde inmortalizaron esa senda peatonal en la portada de uno de sus albums.

Un día entero hubo que dedicarle al British Museum, y por mi parte le dedico un párrafo aparte. Este lugar de acceso gratuito es una muestra de la cultura universal, de todos los tiempos y de prácticamente todas las latitudes. Muy interesante de conocer, de ver, y de aprender; pero es absolutamente imposible abstraerse del hecho de que todo esto fue robado y sacado de los lugares originales, fue quitado de las manos de sus dueños originales. Es la colección más increíble y aberrante de objetos de otras culturas. Como para citar algunos, los frisos del Partenon, infinidad de sarcófagos, esculturas asirias, romanas y de alguna otra civilización que se cruzó por el medio.

No puedo dejar de mencionar un hecho un tanto particular que aconteció en esta ciudad. Un amigo de Córdoba se encuentra viviendo en Londres, pero por algunos inconvenientes de logística no pudimos arreglar para vernos, ya resignado a que no lo iba a poder encontrar nos fuimos a ver el estadio del Arsenal, a caminar por Notting Hill y a comprar algún souvenir. De repente cruzo una calle casi corriendo porque el semáforo cambió, y del otro lado un desconocido me agarra del brazo, y al girarme me doy cuenta que el destino me había jugado una buena pasada. Ahí estaba Hernán, si, aquel que conocía de Córdoba y ahora vive en una ciudad de 12 millones de habitantes, y al que por casualidades que uno no puede explicar, me lo crucé en una esquina allá del otro lado del charco.

Nos tocaba despedirnos de esta increíble ciudad, que conjuga historia y actualidad, grandes palacios y unos cuantos rascacielos. De acá nos íbamos a París, y a encarar el último tramo de viaje.